Ante la falta de pedidos del público, decidimos renovar el blog con otra publicación de tono igualmente insidioso. El tema que nos ocupa en este posteo es el del grupo social cuya finalidad en esta vida no es otra que hacernos sentir culpables. No, no se trata de las madres napolitanas ni mucho menos de las yddishe momme. Son los fanáticos del fitness, esos militantes del ejercicio que nos hacen parecer amebas cada vez que nos pasan zumbando en la costa.
Un análisis simplista podría llegar a confundirlos con el verdadero deportista, aquel que aunque Canal 79 pronostique tsunamis (e incluso le llegue a acertar) sale a entrenarse con sus zapatillas gastadas a pura transpiración. No, el fundamentalista del fitness no lo hace por convicción, lo hace simplemente para ser visto haciendo que hace deporte. Vendría a ser la antítesis de esa gaseosa lima limón, reformulando su slogan al grito de "la imágen es todo, la sed es nada". Una vertiente peligrosa de esta especie se percibe cada vez con mayor notoriedad en los recitales de rock, en los cuales resulta más importante grabar un video en primera persona "para subirlo al face" que disfrutar los incomparables hematomas de un pogo hecho y derecho.
Lo primordial para el fundamentalista es la vestimenta: es imposible verlos trotando en jogging y una remera desteñida con la leyenda "Las Toninas 97". Never de never! Un equipo medianamente decente sería:
-zapatillas de marca con amortiguación, cuenta vueltas y freno a disco
-remera dri fit (a ver si encima nos sacan una foto transpirados)
-calzas
-gorrita Nike (en su defecto, imitación bien hecha del bolishopping)
-adminículo para mp3
-mp3 con música "pilas"
-Costo aproximado: $1500
-Quedarse en casa engordando frente al televisor: no tiene precio
Justamente esa sea la principal molestia que causan: tienen la imperiosa necesidad de hacernos sentir mal; no se conforman con comprarse los aparatos de electrodos y usarlos mientras planchan, ellos tienen que salir a demostrarnos nuestra falta de voluntad, vagancia, flaccidez. Ok, somos así, pero al menos no hacemos apología de eso! En cualquier instante uno puede pisar una baldosa floja y cruzarse con alguno de ellos, el cual nos hablará de las bondades de su estilo de vida, de lo "lleno de energía que se siente", y del suceso que lo motivó a "hacer un click" o frases igualmente pelotudas pronunciadas por el profeta Ari Paluch. Acto seguido, nos dejará balbuceando para ir a "hidratarse", porque la superioridad racial les impide tomar agua como cualquier fulano. Ellos deben reponer sales minerales, con lo cual reemplazan la vieja y querida botellita de plástico recargada con agua de la canilla finamente envasada por cualquier bebida finalizada en "ade" (ahora hay hasta caramelos!). Es notable la influencia que la publicidad tiene sobre sus mentes atrofiadas: basta con verlos tomar del pico con esa pose de "podría estar jugando en la NBA pero no quise" para comprobarlo: hasta el hilo de baba es ergonómicamente pefecto.
Llevan su militancia a otros campos, de modo tal que no es extraño ver alguno de estos especímenes parados en la puerta del colegio esperando a sus chicos, ataviados con su ropa de fitness, como si hubieran hecho un alto en su entrenamiento para escalar el Himalaya, solo a los fines tener una existencia más mundana por unos segundos. "La vida es eso que pasamos por al lado mientras hacemos fitness" sería su frase de cabecera si pudieran formular oraciones bimembres que no contuvieran las palabras "footing", "10k" y "gym".
Son fácilmente reconocibles en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana. Así, cuando estamos en un kiosco haciendo la cola para abonar nuestra bolsa de papas fritas, gaseosa y su correspondiente alfajor triple de postre, ellos hacen gala de sus genes superiores, llevando una barrita de cereales dietética, lógicamente, para reponer energías; y no conformes con esto, nos brindan una mirada condescendiente como si tuviéramos un tumor en la frente y dicen con amabilidad impostada mientras el kiosquero comparte generosamente su mal humor con nosotros: "estaba él primero". Es que el fitness way of life los obliga a ser superiores. Otro ejemplo clásico suele darse en el supermercado, cuando casi como simulando un semáforo, nos invita a correr una picada (la única que conocerá en su vida) calórica entre changuitos, comparando el suyo (yogurt descremado, pan de salvado, actimel, aguas saborizadas, alguna milanesita de soja y el permitido: un postrecito ser que dice tener sabor a chocolate) con el nuestro (balanceado a base de carne, mayonesa, gaseosa, leberwurst, salchichas y papas).
Puede vérselos ocasionalmente en restaurantes, en los cuales son adorados especialmente por sus dueños, al pagar precios irrisorios por ensaladas con lechuga cansada (reformulada como rúcula), queso parmesano (sardo y gracias) y tomate (cherry, obvio). Tampoco faltan en cualquier reunión, en la cual ante la primera ronda de facturas fruncirán su ceño, no tanto por asco, sino más por los esfuerzos mentales que le suponen memorizar las enseñanzas del Dr. Ravenna.
Personalmente, debo confesarlo, lo que más me provoca rechazo es su devoción por salir a correr los domingos a la mañana. Hasta Dios descansó un domingo! De este modo, no es raro en temporada estival cruzárselos haciendo gala de su capacidad aeróbica, mientras uno hace esfuerzos sobrehumanos por impulsar un pie delante del otro antes de caer víctima de un coma etílico. Se que probablemente vivan más que uno, pero prefiero morir arrollado por una napolitana a caballo antes que pasarme los días leyendo tablitas de contenido calórico.
Un análisis simplista podría llegar a confundirlos con el verdadero deportista, aquel que aunque Canal 79 pronostique tsunamis (e incluso le llegue a acertar) sale a entrenarse con sus zapatillas gastadas a pura transpiración. No, el fundamentalista del fitness no lo hace por convicción, lo hace simplemente para ser visto haciendo que hace deporte. Vendría a ser la antítesis de esa gaseosa lima limón, reformulando su slogan al grito de "la imágen es todo, la sed es nada". Una vertiente peligrosa de esta especie se percibe cada vez con mayor notoriedad en los recitales de rock, en los cuales resulta más importante grabar un video en primera persona "para subirlo al face" que disfrutar los incomparables hematomas de un pogo hecho y derecho.
Lo primordial para el fundamentalista es la vestimenta: es imposible verlos trotando en jogging y una remera desteñida con la leyenda "Las Toninas 97". Never de never! Un equipo medianamente decente sería:
-zapatillas de marca con amortiguación, cuenta vueltas y freno a disco
-remera dri fit (a ver si encima nos sacan una foto transpirados)
-calzas
-gorrita Nike (en su defecto, imitación bien hecha del bolishopping)
-adminículo para mp3
-mp3 con música "pilas"
-Costo aproximado: $1500
-Quedarse en casa engordando frente al televisor: no tiene precio
Justamente esa sea la principal molestia que causan: tienen la imperiosa necesidad de hacernos sentir mal; no se conforman con comprarse los aparatos de electrodos y usarlos mientras planchan, ellos tienen que salir a demostrarnos nuestra falta de voluntad, vagancia, flaccidez. Ok, somos así, pero al menos no hacemos apología de eso! En cualquier instante uno puede pisar una baldosa floja y cruzarse con alguno de ellos, el cual nos hablará de las bondades de su estilo de vida, de lo "lleno de energía que se siente", y del suceso que lo motivó a "hacer un click" o frases igualmente pelotudas pronunciadas por el profeta Ari Paluch. Acto seguido, nos dejará balbuceando para ir a "hidratarse", porque la superioridad racial les impide tomar agua como cualquier fulano. Ellos deben reponer sales minerales, con lo cual reemplazan la vieja y querida botellita de plástico recargada con agua de la canilla finamente envasada por cualquier bebida finalizada en "ade" (ahora hay hasta caramelos!). Es notable la influencia que la publicidad tiene sobre sus mentes atrofiadas: basta con verlos tomar del pico con esa pose de "podría estar jugando en la NBA pero no quise" para comprobarlo: hasta el hilo de baba es ergonómicamente pefecto.
Llevan su militancia a otros campos, de modo tal que no es extraño ver alguno de estos especímenes parados en la puerta del colegio esperando a sus chicos, ataviados con su ropa de fitness, como si hubieran hecho un alto en su entrenamiento para escalar el Himalaya, solo a los fines tener una existencia más mundana por unos segundos. "La vida es eso que pasamos por al lado mientras hacemos fitness" sería su frase de cabecera si pudieran formular oraciones bimembres que no contuvieran las palabras "footing", "10k" y "gym".
Son fácilmente reconocibles en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana. Así, cuando estamos en un kiosco haciendo la cola para abonar nuestra bolsa de papas fritas, gaseosa y su correspondiente alfajor triple de postre, ellos hacen gala de sus genes superiores, llevando una barrita de cereales dietética, lógicamente, para reponer energías; y no conformes con esto, nos brindan una mirada condescendiente como si tuviéramos un tumor en la frente y dicen con amabilidad impostada mientras el kiosquero comparte generosamente su mal humor con nosotros: "estaba él primero". Es que el fitness way of life los obliga a ser superiores. Otro ejemplo clásico suele darse en el supermercado, cuando casi como simulando un semáforo, nos invita a correr una picada (la única que conocerá en su vida) calórica entre changuitos, comparando el suyo (yogurt descremado, pan de salvado, actimel, aguas saborizadas, alguna milanesita de soja y el permitido: un postrecito ser que dice tener sabor a chocolate) con el nuestro (balanceado a base de carne, mayonesa, gaseosa, leberwurst, salchichas y papas).
Puede vérselos ocasionalmente en restaurantes, en los cuales son adorados especialmente por sus dueños, al pagar precios irrisorios por ensaladas con lechuga cansada (reformulada como rúcula), queso parmesano (sardo y gracias) y tomate (cherry, obvio). Tampoco faltan en cualquier reunión, en la cual ante la primera ronda de facturas fruncirán su ceño, no tanto por asco, sino más por los esfuerzos mentales que le suponen memorizar las enseñanzas del Dr. Ravenna.
Personalmente, debo confesarlo, lo que más me provoca rechazo es su devoción por salir a correr los domingos a la mañana. Hasta Dios descansó un domingo! De este modo, no es raro en temporada estival cruzárselos haciendo gala de su capacidad aeróbica, mientras uno hace esfuerzos sobrehumanos por impulsar un pie delante del otro antes de caer víctima de un coma etílico. Se que probablemente vivan más que uno, pero prefiero morir arrollado por una napolitana a caballo antes que pasarme los días leyendo tablitas de contenido calórico.
4 comentarios:
Lo mejor es esa especie de chocolatada de huevo que toman. Les atrofia el cerebro man!
muy bueno el blog. Para cuándo un comentario sobre la Bristol?
ieeeea! ¡me voy a mirar la tele con una caja de garotos al lado! ¡y sin culpa!
Pensaba que podríamos cambiar, en la era de los lípidos, la imagen de Cristo por la del tordo Cormillot. Mirar el crucifijo antes de probar algo engordante y recordar que él, ahí colgadito, contó las calorías del salchichón primavera por nosotros.
Cormillot es el Patrono de la tostada (integral). Pasame un garoto ants que se derritan
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