Lo que en realidad hizo perdurar a Andy Warhol a través del tiempo no fue el pop art, ni el intercambio deuda externa/maiz con Free Marta Minujín, mucho menos sus películas conceptuales, sino su predicción de que en el futuro todo el mundo tendría sus quince minutos de fama. Algunos aseguran que en realidad la frase correcta era que "a todo el mundo le deberían tocar quince minutos de fama en la vida". Como la mítica "tócala de nuevo, Sam" de Bogart en Casablanca, probablemente sea uno de esos casos en que la memoria colectiva termina distorsionando la realidad. De todos modos, al menos hay acuerdo en cuanto a la fracción de tiempo.
Hoy en día, cualquier idiota puede obtener su ratito de fama. Las formas son variadas. Pueden ir desde el clásico video subido a youtube de bebés demostrando cualquier clase de habilidad (recitar el Mio Cid, eructar la marcha peronista, imitar a Pachano) que terminarán amenizando el noticiero de Andino (los constructores de las Torres gemelas deberían haber tomado como referencia su jopo indestructible) en alguna sección de nombre tan detestable como "los más vistos de internet", "notas de color"o "pastillitas", haciéndonos extrañar la época en que nos deprimían con noticias de política y asesinatos.
La variante farandulera para las mujeres será inventar un romance con algún jugador de fútbol. En algún momento existían ciertos códigos de felinidad entre estas muchachas casquibanas, pero con el correr de los años se han ido difuminando hasta desaparecer junto con el Tuby, los floggers y las zapatillas LA Gear; hoy en día se pelean hasta por el zaguero central de Sportivo Italiano con tal de robar unos instantes en cámara que sirvan para pagar el alquiler y parar la olla (en su caso, la cacerola ya está llena hace rato). También podemos recurrir al programa de Anabel Ascar y aseverar con total aplomo y seriedad que una secta alienígena implantó un chip en nuestro cerebro para rastrearnos (lamentablemente, esto no es un chiste), o simplemente hacer circular una noticia falsa en alguna red social, haciendo que Orson Welles pida a los gritos ser enterrado unos metros más abajo.
El fútbol suele entregarnos frecuentemente esta clase de héroes descartables, equivalentes deportivos de los one hit wonders musicales. Basta con recordar a Adrián "Escobillón" Guillermo, aquel wing boquense de peinado afortunadamente irreproducible que pintaba para crack á la Cruyff con destino europeo y lo más cerca que llegó fue a fumar pasta base y tomarse una Crush en el buffet de Excursionistas.
Hoy, desde este humilde espacio queremos rendirle tributo a un verdadero ídolo juvenil que alegró las tardes de millones de purretes argentinos con sus ocurrencias: Brian Caruso. Lo más probable es que con este nombre nadie lo identifique, y a decir verdad, no es el nombre más agraciado como para pasar a la posteridad. Algún despistado podrá pensar que se trata de algún actor porno ochentoso o del hijo uruguayo no reconocido de Enrico Caruso. Nada de eso. Es el nombre terrenal de "Gamusa", aquel niño de pelo color ketchup que con su apodo se adelantó al boom de los trapitos, haciendo gala de una extraña mezcla de humor blanco y picaresco que provocaban en las abuelas la inefable frase "es un amor ese nene", mientras continuaban batiendo el nesquik hasta disolver completamente esas bolitas rebeldes, que cual icebergs de chocolate, se negaban a la muerte absurda en una chocolatada.
Dio sus primeros pasos en "Cebollitas" aquel programa que parecía basado en la vida de Lole Reutemann, donde se reivindicaba a los segundones por sobre el exitismo del menemato. Otra estrella alumbrada por ese programa fue Diego, aquel pelilargo que años después veríamos por escasos momentos en "Hijos del Hombre", película de Alfonso Cuarón basada en el libro de PD James, donde interpretaba paradójicamente al último niño nacido en el planeta.
Del mismo modo que el "What´s up doc?" de Bugs Bunny, el "no hay problema" de Alf o el "vos, fumá" de Carlos Calvo (el vegetal, no la calle), Gamusa tenía su latiguillo inconfundible, el cual repetía como un mantra hasta pegarlo en el hipotálamo de sus espectadores: "Venga milanesita con gamusita". Mediante esta frase aliterada, en apariencia inofensiva, Caruso consiguió lobotomizar a infinidad de chicos que encandilados por su héroe juvenil la repetían como un ejército de zombies cada vez que ingerían el noble bife rebozado en pan. Como prueba de su carisma, llegó a ganar un Martín Fierro en la categoría "revelación", superando incluso a alguna de las chancles de "Grande Pá" y a la hija de Florencia Peña en "Son de 10".
Con el tiempo, surgieron los primeros granos, cambió la voz, aparecieron los amigos del campeón, y lo que antes nos parecía divertido comenzó a cansarnos. Luego de comer caliente durante un par de años, el público le fue soltando la mano, y la llama que prometía se fue apagando cual tubo de televisor. Hoy en día circulan distintas versiones acerca de su paradero. Algunos afirman que se radicó en Ciudad del Este y se dedica al tráfico de milanesas napolitanas. Otros aseveran que es la imágen entre las sombras de miles de trapitos que pululan por las calles argentinas. Versiones más firmes indican que luego de invertir mal sus ahorros en canchas de paddle, parripollos, lavaderos y cibercafés, hoy intenta volver al ruedo desde un restaurant de comida étnica. Sea como sea, su historia es una prueba más de que lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Gamusa, we salute you!
6 comentarios:
Te autosuperás entrada a entrada... no te mueras nunca. Besos.
Tengo la posta. El otro día escuchando el exiguo programa radial de Wainrach (o como sea que el judío se llame) casualmente se comunicó el aquí homenajeado Gamusa. Dijo actualmente ser operario de una fabrica en Villa del Parque y que esta lejos de los set televisivos, aunque reconoció que ésto último no respondía a una decisión personal.
Yo no consumía el mentado programa en el que Gamusa se hizo "famoso", pero recuerdo que casa vez que aparecía en tv, y siguiendo una vieja superstición popular, decia: "Colorado y la puta madre que te pario" (X 3)
Saludos
Una vez más gran visión ácida de la realidad by Leandro Dimasino
No quiero ser prejuicioso (mentira), pero propongo dos más para agregar a la lista de colorados detestables: Liberman y el marmota de Simply Red.
Bien el reno Nacho, entendiendo la mecánica del asunto... comentó en el blog, y copió y pegó en mi link de fcebook. Te ganaste una super nintendo, Reno.
Creo que Nacho es un groupie del mundo blogger. Viene sobandole el ganso a Cafetino en cada una de sus publicaciones. Erradiquemos este tipo de personajes. Saludos.
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