http://www.youtube.com/watch?v=x1xTuRXfD38
Cuando en unos años veamos al director Raúl Rosales levantando la Palma de Cannes, podremos decir: "yo vi su primer video". Es con ese carácter anticipatorio que traemos esta pequeña gema, plagada de sensibilidad y sutileza, digna del notero hot de Crónica.
Luego de los teléfonos de Rosales (por Dios, quiero un psicólogo como el de él!), el video comienza con un conteo que a esas alturas uno no sabe si le genera ansiedad o la sensación de que podría estar aprovechando mejor su tiempo, yendo a pagar las expensas, sacando el sarro de los azulejos o comenzando de una vez por todas ese curso de ikebana al que siempre le tuvo ganas.
Un bandoneón que remite a la peor tradición de bandas "rioplatenses" como Bersuit, Callejeros o Las Pastillas del Abuelo aporta esa pátina tanguera que siempre tuvo Villa Fiorito (¡!), en la cual un Dieguito entrado en alfajores homónimos corretea por un potrero desperdigando talento, mientras un pequeño Cirilo símil Pelé (sólo identificable como tal por el color de su camiseta y el número 10) se gana el pan (o la feijoada) como limpiavidrios en una calle de tierra, en una clara muestra de su visión comercial. Al pasar, encontramos la primera gran metáfora de la canción: "la vida gambeteaste a veces pegado a la raya / pero el otro en su debut /qué papelón! / a un pibe le hizo la raya". Aplausos.
En la segunda escena, mientras coquetea con una garota que no es de chocolate vemos al mini Diego en la escuela aprendiendo equivalencias fundamentales para nuestra vida cotidiana tales como "un mate por dos cafés". Si bien puede recordarnos a la política cambiaria de Sunday Cavallo, al menos sirve como pie para la aparición del estribillo. Y ahí sí: "un Diego son dos Pelé" y todos cantamos mientras en una muestra de diversidad cultural conviven la batucada con el tango.
Suena la campana y cuando nuestra inteligencia está a punto de caer a la lona por nocaut, los chicos salen al recreo ("salen" es una forma de decir, ya que en la escuela hippie no hay ni paredes) y se arma el picado entre argentinos y brasileros. Allí, claro, hacen su aparición los cazatalentos de ocasión y vemos una cruza entre Cacho Rubio y Tito Sueldo paladeando futuras transferencias. Cabe resaltar la participación estelar de Zulma Lobato como "La Paquita", impidiendo que peguemos un ojo en una semana.
Cuando una espuma blanca comienza a brotar de nuestra boca, el mini Diego demuestra su coherencia desde (Zé) pequeño, negándose a firmar con los mercaderes que quieren tratarlo como un objeto, reservándose para gente íntegra como Cyzterpiller, Guillote Coppola o su amigo Mancu. Pelé, en cambio firma gustoso, mientras la canción recuerda que es la sombra del crack argentino. ¿Entendieron, no? Sombra. Negro. Racismo. Je, qué buen chiste che.
Como todo gran video que se precie de tal, no puede faltar el componente político. Es por esto que, derrotado, el representante hace entrega de la camiseta del Diegote a quien uno supone el presidente de la FIFA, identificable por un bastón más propio de la Guardia Marina que de un multimillonario como Blatter / Havelange / ¿Grondona?. Cabe señalar en la constelación de figuras que hacen su aparición al Rey de la Cumbia, Antonio Ríos, chofer de ocasión a quien un muchacho entrado en carnes vestido de mecánico, en un giro conceptual incomprensible, hace entrega de su peluca (¿?).
A esta altura, uno se encuentra inmerso en un estado catatónico, sobrepasado por la densidad de la historia, considerando seriamente suicidarse con una sobredosis de langostinos en un tenedor libre. Afortunadamente, el gran Raúl Rosales nos regala una de esas escenas de antología, demostrándonos que el amor es más fuerte, con un plano de Dieguito y Garotinha caminando juntos hacia los pastizales.
Luego de los teléfonos de Rosales (por Dios, quiero un psicólogo como el de él!), el video comienza con un conteo que a esas alturas uno no sabe si le genera ansiedad o la sensación de que podría estar aprovechando mejor su tiempo, yendo a pagar las expensas, sacando el sarro de los azulejos o comenzando de una vez por todas ese curso de ikebana al que siempre le tuvo ganas.
Un bandoneón que remite a la peor tradición de bandas "rioplatenses" como Bersuit, Callejeros o Las Pastillas del Abuelo aporta esa pátina tanguera que siempre tuvo Villa Fiorito (¡!), en la cual un Dieguito entrado en alfajores homónimos corretea por un potrero desperdigando talento, mientras un pequeño Cirilo símil Pelé (sólo identificable como tal por el color de su camiseta y el número 10) se gana el pan (o la feijoada) como limpiavidrios en una calle de tierra, en una clara muestra de su visión comercial. Al pasar, encontramos la primera gran metáfora de la canción: "la vida gambeteaste a veces pegado a la raya / pero el otro en su debut /qué papelón! / a un pibe le hizo la raya". Aplausos.
En la segunda escena, mientras coquetea con una garota que no es de chocolate vemos al mini Diego en la escuela aprendiendo equivalencias fundamentales para nuestra vida cotidiana tales como "un mate por dos cafés". Si bien puede recordarnos a la política cambiaria de Sunday Cavallo, al menos sirve como pie para la aparición del estribillo. Y ahí sí: "un Diego son dos Pelé" y todos cantamos mientras en una muestra de diversidad cultural conviven la batucada con el tango.
Suena la campana y cuando nuestra inteligencia está a punto de caer a la lona por nocaut, los chicos salen al recreo ("salen" es una forma de decir, ya que en la escuela hippie no hay ni paredes) y se arma el picado entre argentinos y brasileros. Allí, claro, hacen su aparición los cazatalentos de ocasión y vemos una cruza entre Cacho Rubio y Tito Sueldo paladeando futuras transferencias. Cabe resaltar la participación estelar de Zulma Lobato como "La Paquita", impidiendo que peguemos un ojo en una semana.
Cuando una espuma blanca comienza a brotar de nuestra boca, el mini Diego demuestra su coherencia desde (Zé) pequeño, negándose a firmar con los mercaderes que quieren tratarlo como un objeto, reservándose para gente íntegra como Cyzterpiller, Guillote Coppola o su amigo Mancu. Pelé, en cambio firma gustoso, mientras la canción recuerda que es la sombra del crack argentino. ¿Entendieron, no? Sombra. Negro. Racismo. Je, qué buen chiste che.
Como todo gran video que se precie de tal, no puede faltar el componente político. Es por esto que, derrotado, el representante hace entrega de la camiseta del Diegote a quien uno supone el presidente de la FIFA, identificable por un bastón más propio de la Guardia Marina que de un multimillonario como Blatter / Havelange / ¿Grondona?. Cabe señalar en la constelación de figuras que hacen su aparición al Rey de la Cumbia, Antonio Ríos, chofer de ocasión a quien un muchacho entrado en carnes vestido de mecánico, en un giro conceptual incomprensible, hace entrega de su peluca (¿?).
A esta altura, uno se encuentra inmerso en un estado catatónico, sobrepasado por la densidad de la historia, considerando seriamente suicidarse con una sobredosis de langostinos en un tenedor libre. Afortunadamente, el gran Raúl Rosales nos regala una de esas escenas de antología, demostrándonos que el amor es más fuerte, con un plano de Dieguito y Garotinha caminando juntos hacia los pastizales.
2 comentarios:
hasat se quedo con la minuza brasileña :p seguro pele solo consume travesti o es impotente tambien :p
Qué raro que no lo hayan llamado a Toti Pasman para participar.
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